Hacia el cuarto
o quinto milenio A.C. se producen transformaciones importantes
debido a cambios climatológicos.
La agricultura presupone sedentarismo porque entre cosecha y
cosecha el hombre tiene tiempo para inventar nuevos utensilios;
perfeccionarlos tecnológicamente y darles formas artísticas. Para
este entonces ya se conoce el cobre.
Uno de los artefactos de cobre más antiguo que se haya conocido
data de esta época. Se trata de un pedazo de cobre laminado que
probablemente colgó de un collar u otra pieza de joyería. Esta
pieza es de alrededor del año 50 de nuestra era y fue encontrada
en Moquegua. El hombre no sólo conoce la agricultura, conoce la
cerámica y la orfebrería y también construye viviendas y templos.
Todo este progreso conlleva el advenimiento de las guerras porque
el hombre se enfrenta por la tenencia de la tierra y del agua.
Es necesario entonces perfeccionar las armas. Finalmente todo
ello exige la formación de una clase dirigente que entre muchas
cosas utiliza vestidos y ornamentos que la distinguen como tal.
A esta etapa se le conoce con el nombre de periodo formativo.
Poco a poco aprendió a trabajar con metales, pasó de procedimientos
poco elaborados de metalurgia a destrezas que perfeccionarían
en etapas posteriores.
Todavía, sin
embargo, no es un hombre minero. Hay evidencia de trabajo metalúrgicos
en Chongoyape -Lambayeque, de clara influencia Chavín y los de
la cultura Vicus -Chulucanas , Piura- que trabajaron especialmente
el cobre, el oro y el cobre dorado con la técnica llamada Mise
en Couleur" que consistía en atacar la superficie de una aleación
de cobre y oro mediante ácidos que extraían del jugo de plantas
que corroían el cobre dejando intacto el oro. Caracteriza a la
metalurgia de esta cultura los pectorales de cobre dorado, provista
de abundantes colgajos.
Más sofisticada aún es la metalurgia "Frías" -Ayabaca, Piura.
Al término del periodo formativo empieza el apogeo cultural. Las
culturas que pertenecen a esta época son: Mochica, Nasca, Tiahuanaco
y Huari. Los Mochicas, notables alfareros, heredaron una magnífica
tradición metalúrgica de sus antepasados los Vicus. Los Nasca,
famosos por el cromatismo y el extraordinario brillo de su cerámica,
así como el gran despliegue de colores de su tapicería tuvieron
manifestaciones artísticas metalúrgicas aunque fueron más pobres
en comparación con la tradición norteña. La Cultura Tiahuanaco
y Tiahuanaco-Huari abarcaron la zona del Antiplano hasta la zona
de Ayacucho y de ahí amplían su zona de influencia hasta el norte
del Perú, en periodos histórico sucesivos. Entre los años 500
a 700 de nuestra era, florecieron los metalurgistas de Tiahuanaco.
Aleaban el cobre con estaño para fabricar bronces duros y resistentes,
así como piezas fundidas con finos detalles. Fundieron barras
especiales de cobre que utilizaron para asegurar piedras gigantescas
de edificios especialmente imponentes. Luego fue la hegemonía
de los Huari, de ellos nos queda entre otras cosas una porra de
cobre, la primera arma de metal, utilizada para la defensa de
Cerro Baúl -Moquegua.
Posteriormente vinieron las culturas tardías entre las que destaca
la cultura Chimú. Ellos fueron diestros en la metalurgia del cobre
así como la del oro y la plata. Los trabajos Chimú en metales
fueron el principal botín de los Incas. El cronista Pedro Cieza
de León cuenta que los artesanos Chimú fueron llevados hasta el
Cuzco porque eran los más hábiles para labrar metales. Así también
fueron los hombres de la cultura Lambayeque (el Señor de Sipán
pertenece a esta cultura) quienes perfeccionaron la técnica de
elaboración de láminas.
Ellos tuvieron magistral dominio sobre una aleación de cobre con
oro conocida con el nombre caribe de "tumbaga". La siguiente civilización
importante fue la de los Incas cuyo dominio llegó por el Norte
hasta Colombia y por el sur hasta Chile. Los Incas no hicieron
modificaciones en la metalurgia. No obstante se explotó más mineral.
Había grandes centros incaicos de fundición y hasta ahí traían
los metales, desde donde estuvieran. El trabajo de la minas era
reglamentado por las "Mitas" que eran de 4 meses al año. Por esta
razón el cobre tuvo un uso generalizado. La explotación fue intensa
y se utilizó abundante mano de obra. Esta se efectuaba a tajo
abierto. También hubo minería subterránea pero en mucho menor
escala porque sólo se trabajaba con la luz del día. El beneficio
de la vetas se realizaba a golpe de mazos de piedra y con ayuda
de cuñas de madera; también se valieron del fuego. La trituración
se hacía en morteros y batanes y la concentración por medio de
agua corriente que terminaba en recipientes especiales. La fundición
se realizaba en hornos o Huayras ( que significa viento en quechua)
para aprovechar la fuerza natural del viento. No quedan vestigios
de estas Huayras, pero las conocemos a través de los cronistas
de la Conquista. El cobre en estado natural ocurre pocas veces
en superficie; fue más común encontrarlo en "Menas" de cobre salicitado,
carbonatado y oxiclorurado. Asimismo los Incas trabajaron bien
el bronce al que llegaban por medio de dos aleaciones: cobre con
estaño y cobre con arsénico. Se utilizó cobre para fabricar hachas,
cinceles, cuchillería, bolas para barretes, espejos, agujas etc.
Cuando llegaron los Españoles cambió la actitud hacia los metales,
una irreconciliable de la otra, porque para unos el metal tenía
valor económico para otros era sagrado y utilitario. En España
se dio gran importancia al oro y la plata y olvidaron del cobre.
Sin embargo fue este metal y sus aleaciones el que mayor importancia
tuvo en el mundo andino y no sólo desde el punto de vista utilitario
sino también social y cultural. En la cultura andina, el color
oro, y no el oro era importante, tal como se puede comprobar desde
Chavín hasta las postrimerías del imperio incaico.
Con el advenimiento de la República viene una etapa de luchas
por el poder que dura casi toda la segunda mitad del siglo XIX.
Ya en este siglo resurge la minería especialmente la del cobre.
Pero esta ya es historia conocida. Se instalan grandes empresas
para la explotación del cobre, comprometidas con el desarrollo
nacional y que aplicando tecnología de punta han hecho del cobre
el producto de mayor importancia para el país. Hoy, el cobre tiene
múltiples aplicaciones por las indiscutibles ventajas comparativas
respecto de otros materiales y de nuevas tecnologías. El cobre
sigue teniendo una aplicación utilitaria pero ya no se fabrican
porras para la guerra o orfebría para un gran Señor. La industria
del cobre ha desarrollado y seguirá haciéndolo, porque entre el
cobre y el hombre peruano hay, como hemos visto, un compromiso
ancestral.