Capaz
de sugestiones antiguas y prestaciones sorprendentes,
puede extrañar que la olla del futuro tenga ya 500 años.
La calidad de aquellos antiguos instrumentos, aún hoy
insuperable, es debida a las extraordinarias propiedades físicas
del metal noble utilizado en su realización: el
cobre.
Podemos
afirmar que el cobre es el mejor material para la realización
de ollas, gracias a su elevado índice de conductibilidad térmica:
392 respecto al 16 del acero inoxidable. Estas
características permiten una cocción homogénea que no hiera
la comida, salvaguardando las propiedades nutritivas y, en
consecuencia, aromas y sabores.
La
llama del fogón, actuando en la olla, no recalienta el
fondo, pero distribuye el propio calor uniformemente en
toda la superficie, ofreciendo, entre otras cosas, óptimas
características de antiadherencia.